Quizá el mundo del manga y del animé nunca logre escapar completamente de la pesadumbre de los personajes estereotípicos; sin embargo, el logro de una serie principalmente yace en cómo esos personajes se desempeñan y desarrollan dentro del argumento. Kami nomi zo Shiru Sekai (también conocido por su título inglés, The World God Only Knows) cumple con este reto. Aunque sus personajes no sean completamente originales, ellos caminan (y vuelan) por las vías de un trama inédito.

Kaminomi (el acortamiento del título) es principalmente una comedia romántica con elementos fantásticos. Por parte de la comedia la serie es bastante graciosa, parodiando elementos comunes en mangas y animés mientras se fía casi completamente de chistes únicos a la serie, ya sean las situaciones absurdas que se presentan o las interacciones entre los personajes. El romance se entrega de una manera algo extraña ya que, como se explica de inmediato en el primer episodio, el protagonista, Keima Katsuragi [kéema kátsuragi], no está interesado en las mujeres del mundo real. Sin embargo, los enamoramientos son lindos.

El argumento de Kaminomi sigue a Keima, conocido como el Dios de la Conquista por su éxito en los videojuegos de simulación de citas ya que no hay uno que no ha podido superar. Al aceptar un contrato que él confunde como un desafío, Elucia de Lute Ima [elúsha de lut íma], una demonio mona, llega para asistirlo en su misión: capturar las almas fugaces que escaparon del Infierno. Si no cumple su misión, el collar que lleva puesto lo degollará. Pero las almas se escondieron en los corazones de varias jóvenes y, para sacar las almas de allí, Keima debe llenar el espacio donde habita el alma con amor. Sí, suena insólito; y lo mejor es que en realidad funciona.

Como dije antes, los personajes de Kaminomi no son totalmente originales. Empero, la situación argumentativa en que existen me hizo creerlos adecuados y entretenidos. Keima es un joven de preparatoria (típico) distinguido de los demás por ser un completo escapista: no hay un minuto en su vida en que no esté jugando videojuegos. ¡Hasta juega en el aula! Su razón es que el mundo real es basura comparado al de los videojuegos, el ideal (¡Ay, Platón!). Es estoico, engreído y metódico. Su asistente, Elucia o Elushi, su apodo, es la «niña» ingenua de origen sobrenatural. Ella confía en que puede adaptarse al mundo humano, y lo hace a través de desventuras y camiones de bomberos. Sus objetivos, las jóvenes poseídas por las almas, son los arquetipos comunes. Varían de deportiva a tsunderekko. Aunque sean arquetipos, su desempeño en la serie las hace memorables, igual que los otros dos personajes.

La banda sonora es muy buena. Se acomoda bastante bien en la serie y hasta hay escenas en las que la música es lo que más recuerdo. Aunque la música tipo romántica es fácil de encontrar, esta serie tiene algunas piezas que resaltan. La canción de la apertura se me hace que ilustra muy bien, no nomás el tema de la serie, sino también la mente de Keima. También me impresiona la cantidad de pop propia de la serie (tienen que verla para entender por qué). Claro, no le di un diez de calificación por una razón: hay unas escenas en que, aunque la banda sonora simplemente cumple su deber, la música es genérica.

Aunque no sea la mejor animación que he visto en un animé, Kaminomi proporciona colores vivos y movimientos fluidos que me sorprendieron en algunos casos. El primer episodio demuestra mucho de cómo se verá el resto de la serie. Los momentos moés de Elucia, las escenas románticas y hasta eventos cotidianos y extraños se plasmaron en mi memoria. Estoy seguro que ahí perdurarán un rato, pero no mucho.

Me siento desencantado que la primera temporada de Kaminomi tiene un último episodio carente. No está mal: es chistoso y explica el porqué del título de la serie. Sin embargo, creo que algo más se pudo haber hecho para cerrar la primera temporada. Es más, parece un episodio de transición baladí. Sólo supe que era último episodio porque era el doceavo. La otra cosa que también me molesta es que ni siquiera da paso a la segunda temporada. Menos mal que, reitero, sí es un episodio cómico y que hay una segunda temporada.

Kaminomi logra jugar con los estereotipos del manga y del animé para crear un argumento bastante atractivo y memorable. Le aseguro al lector que reirá muy bien mínimo dos veces en cada episodio y se simpatizará con los personajes, hasta el frío de Keima. Él puede ser el Dios de la Conquista, y me ha conquistado buena parte del corazón.